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Un país multiétnico

En pocas palabras... 

Diferentes etnias viven en las provincias ecuatorianas, a veces de manera muy aislada las unas de las otras.

Entre ellas los « mestizos », que tienen antepasados españoles y amerindios, constituyen la etnia mayoritaria (65 % de la población).

Los indios, que muchos turistas llaman "andinos" y cuyos rasgos físicos forman parte de la idea que los occidentales tienen de los habitantes de América del Sur, representan aproximadamente el 25% de la población ecuatoriana.

Los europeos, descendientes directos de los colonizadores españoles, así como los asiáticos que formaron parte de las últimas oleadas de inmigración, representan 7% de la población.

Última etnia en cuanto a su número, los afro-ecuatorianos, descendientes de los esclavos traídos hasta el territorio, no superan el 3% de la población.

La diversidad étnica también es visible a través de los diferentes idiomas hablados en el país.

Si el quichua, lenguaje de origen amerindio, y el castellano son los dos idiomas oficiales del país, existe una gran variedad de dialectos hablados especialmente en la Sierra y en el Oriente.

Se lo dice un ecuatoriano:

« En todos los espacios regionales del país hay ahora pueblos indígenas que conservan su cultura, su lengua, su organización.

Son una parte fundamental de nuestra población.

Los colonizadores españoles se establecieron en estas tierras y trajeron aquí el castellano, el Cristianismo, sus formas de vida, sus valores y sus prejuicios.

Pero todas estas realidades no fueron asimiladas sin más por los pobladores locales.

Del choque cultural y la propia dominación fue surgiendo una identidad cultural que recogía elementos de las dos raíces.

Aún más, desde los primeros momentos de la conquista, se dieron uniones entre españoles e indígenas, cuya descendencia heredó rasgos culturales y físicos de ambos.

Fue surgiendo así el mestizo, no como una mera suma de lo indígena y de lo hispánico, sino como una nueva realidad con caracteres propios, con una identidad distinta, aunque muchas veces contradictoria.

Es muy importante subrayar que el mestizaje no es un hecho racial, como muchos creen, es ante todo una realidad cultural (...).

Los españoles trajeron (...) contingentes de esclavos negros, destinados al trabajo en la Costa y en los valles cálidos de la Sierra.

Estas poblaciones de origen africano sufrieron las peores degradaciones pero sobrevivieron y lograron mantener algunos de sus rasgos culturales.

En tiempos republicanos, los esclavos fueron manumitidos, pero los pueblos afro ecuatorianos no se libraron de la explotación y la discriminación racistas.

Ahora son una importante parte de la población del país.

La diversidad étnica de nuestro país es muy amplia.

A las poblaciones indígenas, mestizas y negras se sumaron en la historia más reciente, migraciones de diverso origen que, aunque en números más bien reducidos, no solo han incrementado la complejidad del país, sino que han tenido influencia significativa en la sociedad.

Tal es el caso de los migrantes de los países vecinos, o de aquellos que vinieron de más lejos como los europeos, los chinos o los libaneses.

El Ecuador es un gran muestrario de una parte importante de las etnias y culturas del mundo que viven aquí compartiendo el espacio, pero manteniendo al mismo tiempo varios rasgos de su identidad.» [1]

Un país católico

En pocas palabras...

Evangelizados a la fuerza por los colonizadores, los amerindios son ahora mayoritariamente católicos, así como el 95 % del país.

No obstante, algunos amerindios del Oriente conservan sus tradiciones y cultos antiguos, de origen muy anterior a la colonización.

También se integran al paisaje cultural del país otros grupos religiosos.

Se lo dice un ecuatoriano:

« En la historia del Ecuador se han dado más de cien batallas, combates y otros enfrentamientos bélicos.

En buena parte de estos conflictos armados internos, los ecuatorianos que se enfrentaban, lo hacían convencidos que defendían la causa de Dios o la de la libertad de conciencia.

Por más de un siglo, el país estuvo dividido por la cuestión religiosa.

El monopolio ideológico de la Iglesia Católica fue suprimido a inicios del siglo XX, por la reforma liberal, que garantizó la libertad de pensamiento y religión.

Pero el enfrentamiento se agudizó.

Solo en las últimas décadas se ha logrado una vigencia efectiva del laicismo y la igualdad de creencias religiosas.

Al  mismo tiempo que se ha superado el enfrentamiento confesional.

La sociedad ecuatoriana ha comenzado a aceptar las diferencias en ese aspecto.

Con el paso del tiempo las cosas han cambiado.

En nuestros días ya los ecuatorianos asumimos como una realidad el que haya en el país varias confesiones religiosas, o personas que no profesan religión alguna.

También hemos asumido que el derecho fundamental al pensamiento libre tiene los más diversos niveles de ejercicio y aplicación.

La diversidad religiosa es también uno de los rasgos de nuestra vida como sociedad, como país.» [1]

Un país regional

En pocas palabras...

El regionalismo es uno de los aspectos más característicos de Ecuador.

De hecho, los habitantes se "clasifican" según sus orígenes, pero todos  se comprenden y compenetran en el seno de cada una de las regiones que forman el país.

Este fenómeno está tan presente que podemos pensar que la división del país en 24 provincias tiene tanto de aleatorio como de peligroso ya que consolida un sentimiento de pertenencia a un territorio determinado y aísla a las poblaciones entre ellas.

Ese sentimiento se inscribe en el fenómeno de desunión nacional entre ecuatorianos.

Se añade la división entre "colonos" y "nativos": los "colonos" son la gente que siendo de una provincia se van a otra tras una oferta de trabajos, y acaban viviendo allí. Se trata de una población "sin raíces culturales", y aún añoran su tierra natal. En general, no tienen mucho apego al sitio donde ahora viven, y por eso se vuelve más complicado el tema del desarrollo y de la organización, ya que sólo buscan soluciones muy concretas y puntuales.

Sin embargo, los "nativos" son gente que siente la pertenencia a una región determinada, a aquella en la que viven. Esta diferencia es el origen de los conflictos entre colonos y nativos.

Se lo dice un ecuatoriano:

« En las realidades geográficas y poblacionales diversas, se han ido consolidando a lo largo de nuestra historia, entidades regionales con perfiles culturales y políticos propios.

Tal es el caso de las regiones que se articularon alrededor de Quito, Cuenca y Guayaquil, que por un lado han tenido elementos de continuidad entre los siglos, al mismo tiempo que se han dado discontinuidades en sus límites e interconexiones.

El hecho regional es una de nuestras características más visibles.

En este país en que la Geografía ha configurado cuatro que llamamos "regiones naturales" (Costa, Sierra, Oriente y Galápagos), la Historia ha gestado regiones determinadas por caracteres definidos en la política, la cultura y la articulación económica.

Los investigadores las han denominado Sierra Centro Norte, la Sierra Sur y Costa.

Pero en el Ecuador se han configurado al mismo tiempo, con límites geográficos y antecedentes históricos, varias unidades regionales que tienen perfiles culturales muy definidos. ».[1]

Un país pobre

En pocas palabras...

Al explorador Von Humboldt le extrañó la situación de Ecuador. Dijo de los ecuatorianos:

« Qué extraño el pueblo ecuatoriano (...) que vive en la pobreza al pie de montañas de oro, se acuesta con tranquilidad al pie de volcanes y sonríe cuando escucha una música triste »[2]

De hecho, Ecuador no es un país pobre. No obstante, la mayoría de la población sí lo es.

El problema radica en la repartición de la riqueza entre los diferentes niveles de la sociedad.

Es un fenómeno bastante obvio cuando uno deambula por las calles de las ciudades grandes, y lo es aún más cuando vamos más allá de las calles asfaltadas y caminos marcados.

 Por todas partes podemos descubrir con asombro, la realidad de gente que vive con menos de 2 USD diarios, bajo condiciones de vida que ninguna persona de Europa o Estados Unidos aceptaría y que se asemejan a menudo a la idea que se tenemos de las sociedades occidentales en la antigüedad.

Los fenómenos del niño trabajador, de la violencia sexual, del alcoholismo y de la delincuencia se suman a esta terrible realidad.

Se lo dice un ecuatoriano:

« Hay una diferencia entre ecuatorianos que es la más notoria y vergonzosa.

Se trata de la persistencia de extremas condiciones de pobreza en una inmensa parte de la población del país, en tanto que una minoría disfruta de enormes riquezas y poder.

El hecho de que esta sea una realidad compartida con los demás países de Latinoamérica o muchos del mundo, no deja de hacernos pensar que èste es el rasgo más negativo de nuestra diversidad  que, ciertamente, ha demostrado ser persistente.

Aún más, en los últimos tiempos esta brecha entre ricos y pobres, lejos de reducirse, se ha agrandado, como ha crecido también la distancia entre los países desarrollados y los subdesarrollados. »

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[1] In: "Ecuador : Unidad en la diversidad", de Enrique Ayala Mora

[2]  In: "Les veines ouvertes de l'Amérique Latine", de E. GALEANO